El escritor colombiano afirma que siempre supo que iba a ser escritor, y que
estaba dispuesto a morirse de hambre para serlo Tras el extraordinario éxito
de ``Cien años de soledad'', Gabriel García Márquez pasó un momento
difícil y tuvo que ``reaprender a escribir'', porque el lector esperaba
muchos otros ``Cien años...'', y no era el tipo de novela que el escritor
pretendía hacer, confiesa en un documental para la TV francesa el Premio
Nobel colombiano.
Los lectores querían ``uno, dos o tres nuevos "Cien años de
soledad''
ese libro donde ``todo tenía que suceder'', pero para mí no era ``honesto''
hacer otra novela más de ese tipo, señala el escritor, de 71 años de
edad. Por eso decidí publicar un ``anti Cien años...''. Con ``El
otoño del patriarca'' muchos sufrieron una desilusión, prosigue García
Márquez en el documental ``García Márquez, la escritura hechicera'',
escrito y dirigido por el francés Yves Billion y el colombiano Mauricio
Martínez Cavard.
Este filme, que fue emitido por el canal de televisión France 3, en el
marco de la serie ``Un siglo de escritores'', ya fue adquirido por unos 20
países y demoró un año en ser rodado. Se trata de una coproducción, entre
otros, de Les Films du Village y France 3 (Francia), la RAI (Italia),
TVE/RTVE (España) y el Ministerio de Cultura de Colombia.
Entre los múltiples temas que aborda el escritor en este filme de 50
minutos de duración, rodado en Cartagena de Indias (Colombia) y apoyado en
numerosos documentos de archivo, lecturas de pasajes de sus libros y música
popular colombiana, el escritor habla de la ``necesidad de contar'', algo
esencial tanto en la literatura como en el periodismo y el cine, medios en los
que ejerció sus actividades.
``La escritura de ficción es un acto hipnótico'', dice García Márquez,
cuyos primeros maestros fueron los escritores norteamericanos Hemingway y
Faulkner, así como Kafka, cuya obra ``La metamorfosis'' lo motivó para
escribir su primer cuento, ``La tercera resignación''.
Kafka también le permitió, siendo joven, comprender que es posible vivir y
reconstruir literariamente un mundo fantástico, el de su infancia en el
pequeño pueblo de Aracataca, donde fue educado por sus abuelos -dos
personajes extraordinarios- en un medio donde ``lo maravilloso es lo
cotidiano''.
Ese mundo, esa ``lancinante nostalgia'' del mítico Aracataca lo
perseguirán toda su vida, nutriendo su imaginación, definiendo situaciones y
personajes. ``Desde que nací supe que iba a ser escritor. Estaba dispuesto a
morirme de hambre para serlo'', dice categóricamente al inicio de la
entrevista llevada a cabo por la periodista colombiana Conchita Penilla
Céspedes. Para GGM, lo esencial es ``captar'' al lector, evitar que salga del
universo creado. Es una tarea ``artesanal'', donde se necesitan ``clavos,
bisagras...''. Incluso habla de ``carpintería''... También insiste en la
necesidad de mantener un ``ritmo'' en la escritura, so pena de que el lector
``despierte''.
Y cita en especial el ejemplo de ``Crónica de una muerte anunciada'', en
el que desde las primeras líneas se sabe que habrá un asesinato. Conociendo
el desenlace, el desafío era seguir captando el interés del lector hasta el
final. Ello necesita una técnica, que requiere disciplina y rigor; ``una cosa
es la inspiración, otra el argumento'', dice García Márquez.
Esa necesidad vital de ``contar'' nutre también al reportaje
periodístico, -``un verdadero género literario''-, y al cine, la otra gran
pasión de García Márquez (colaboró en la creación de una escuela de Cine
en San Antonio de los Baños, Cuba), que no siempre le dio satisfacciones como
guionista.
El escritor recuerda asimismo en el documental su estadía en París,
adonde viajó tras intentar estudiar derecho en Bogotá y ejercer exitosamente
el periodismo. Llegó a mediados de los años 50 como corresponsal del diario
El Espectador y vivió la bohemia de muchos intelectuales latinoamericanos de
entonces, pero al cerrar el diario por decisión del dictador Rojas se queda
sin dinero y aprovecha para escribir.
En el hotel del Barrio Latino donde vivía redactó ``El coronel no tiene
quien le escriba'. Frente a él vivía el poeta cubano Nicolás Guillén, al
que frecuentó al igual que a muchos otros intelectuales del continente.
París le dio también la ``perspectiva'' de lo que significa ser
latinoamericano y caribeño. Le permitió valorar la riqueza de la cultura
popular y reforzar su conciencia cívica y política -casi todo el continente
estaba sometido entonces a dictaduras- y su compromiso con América Latina,
que jamás abandonará.
Hoy tras mucho andar, GGM afirma que lo único que lo motiva y conmueve es
la ``cultura popular'' de su país, a la cual sigue muy apegado. ``No me
siento a estudiarla, la vivo''. Pese a haber estudiado otras culturas, ni la
fama, ni los viajes, ni los honores, ni los premios o la frecuentación de las
grandes personalidades de todo el mundo, han alterado esa filosofía
``garcíamarquiana'', transmitida por su abuelo, el coronel Nicolás Márquez.
Tras señalar el papel clave que desempeñaron las mujeres en su vida,
García Márquez indica que se apresta a redactar sus memorias. Para ello
está ``reaprendiendo'' una vez más a escribir, prueba de que en este oficio
el genio y el talento no son nada sin la voluntad y modestia necesarias.