El arte se mueve en aguas cada vez más iguales. Sin embargo, para muchos
cultivar las diferencias en medio de la globalización es la mejor forma de
asimilar, decodificar, las interioridades de una obra.
Para Manuel García, que coordinó la representación española de la
Bienal de Venecia en 1976, la experiencia europea pone de manifiesto que el
discurso crítico se basa en movimientos artísticos, ideas y autores.
En cambio, cuando se abordan otras realidades, la latinoamericana, por
ejemplo, se utilizan dos miradas. La primera, siempre oculta, es que los
latinoamericanos tanto en literatura como en arte también forman parte de la
modernidad y de las vanguardias de Europa. "¿De dónde es Torres-García?''
-se pregunta- "¿De Montevideo o de Barcelona?''. Le aplica la misma
interrogante a la obra española y francesa de Wifredo Lam.
El especialista español entiende que los historiadores del arte ocultan
ese sesgo. La prepotencia del primer mundo no acepta que un discurso original,
moderno, que renueve la escena, esté hecho por un autor del tercer mundo.
Pero en los últimos quince años, la realidad ha demostrado que la
renovación del arte internacional después del neo-expresionismo alemán, de
la transvanguardia italiana, del conceptualismo y del minimalismo, saturado el
mercado en términos europeos y estadounidenses, el elemento de exotismo
y originalidad que surge en América Latina, aporta nuevas ideas.
Mamá yo quiero saber La identidad de la obra de Alexander Apóstol es un
asunto irrelevante, lo importante es resaltar su originalidad, frescura y
sarcasmo. García se manifiesta en contra de la regionalización del arte, no
sin aclarar que para los promotores del arte latinoamericano la misma suple la
necesidad de definir espacios y lenguajes. Más aún, es una estrategia de
mercado.
Cita que en los últimos tres debates realizados en España sobre arte
latinomericano, (Arco 99, Foro Latinoamericano de Badajoz y los Diálogos
Iberoamericanos del Museo de Bellas Artes de Valencia) tanto los críticos y
teóricos latinoamericanos, como los españoles interesados en el tema, están
de acuerdo con que más que hablar de la identidad o de cartografías
estéticas hay que hablar de las obras y los autores.
Iván de la Nuez, joven ensayista cubano y profesor de estética en la
Universidad de Barcelona, afirmaba lo siguiente en la Casa de América de
Madrid en un foro reciente: "La situación del arte latinoamericano es tal
que cualquier europeo llega en un paquete turístico de once días a La Habana
y al regreso, aparte de venir satisfecho porque ha templado más de lo que se
imaginaba, viene experto en música, Lezama Lima y arte contemporáneo.
A los tres meses monta una exposición con veinticinco o treinta mil
dólares''. La contraparte de esta liberalidad es más que reveladora. Si un
crítico cubano, dominicano o uruguayo se va a Berlín a hacer una tesis
doctoral, o a Madrid a hacer un curso de especialización o a París a hacer
un estudio de la figuración crítica de los setenta, y luego emite un juicio
de valor sobre eso, lo machacan. Si pretende teorizar en un foro sobre la
mirada latinoamericana del arte europeo, le dicen: "¿Y este quién es?''.No
hay paridad. Perdura la visión exótica, turística y oportunista de los
aspectos novedosos del arte que surge en América Latina. Se explota
coyunturalmente lo que se hace en el Caribe. Hace falta una mirada en
profundidad.
La confrontación de miradas culturalmente distintas es la clave para
interpretar una obra. La mirada de adentro y la de afuera deben compartir un
amigable "fifty-fifty'' a la hora de argumentar sobre una producción en
particular. "Leemos las mismas revistas, sabemos de los mismos artistas,
hacemos los mismos viajes y a veces, sin darnos cuenta, hemos tenido la
misma novia, pero venimos de culturas distintas''.
Marcos Lora Read y el paradigma fotográfico La idea del taller de
fotografía impartido por el crítico de arte en el Centro Cultural de España
fue la de dar un repaso histórico de la fotografía ibérica desde 1931 a la
actualidad en cuanto a análisis histórico. En lo teórico, se planteó el
desbordamiento del soporte fotográfico.
Para Manuel García, el mundo del arte vive todavía dentro de los cánones
de la academia de bellas artes del siglo XVIII en la cual se institucionaliza
la enseñanza de la arquitectura, pintura, escultura, dibujo y grabado. La
fotografía nace y se incorpora tarde, (a mediados del siglo XIX) a este
esquema de enseñaza pero en cierto modo en sus inicios imita lo géneros de
la pintura.
El creador del fin de siglo no trabaja sólo con técnicas sino con ideas.
Formalizando estéticamente estas ideas tiene la posibilidad de utilizar
cualquier técnica. En este sentido, el arte es como la literatura. Para
escribir un cuento, una novela, una pieza dramática; un escritor necesita
saber gramática, tener una biografía propia y luego ideas para expresarlas.
Un artista necesita la gramática de las artes, manejar la escultura, la
pintura, la fotografía o el dibujo para expresar sus ideas con cada una de
ellas, o con su hibridación. Este es el caso de Marcos Lora Read, que exhibe
una muestra antológica en los salones del Centro. Su obra no es el trabajo de
un escultor, ni de un pintor, ni de un dibujante, está dentro del género de
la instalación, que no es más que la hibridación de las técnicas
artísticas. Estima el experto que Lora Read es un artista muy moderno, con
perspectivas para el tercer milenio porque maneja la gramática de las artes.
Lo que hay que discutir con Lora Read, adelanta, es qué es lo que nos
dice, lo que nos cuenta y cómo lo formaliza. En su opinión el artista aborda
su obra de una manera distinta, lo que supone riqueza de ideas y riqueza de
soportes. Esto es lo que García busca aplicar en los talleres de fotografía,
es decir, hablar de que la misma no es sólo una técnica o un ghetto. Los
fotógrafos hacen de teóricos, de curadores de exposiciones, de profesores de
la universidad, incluso de vendedores de fotografías.
La fotografía necesita miradas foráneas o miradas más frescas, o más
profundas, para que se abra como técnica a cualquier expresión artística.
Una mirada abierta como la de Lora Read con quien el crítico ha entablado una
colaboración y a través de quien ha iniciado un diálogo con el arte
contemporáneo caribeño. Además, continúa, expresa su interés en descubrir
otros artistas que han participado en importantes exposiciones internacionales
como la organizada por Antonio Zaya y María Luisa Borrás para el MEIAC. En
esa muestra la participación de los dominicanos le pareció muy interesante
sin embargo le preocupa un poco que al hablar del arte caribeño sólo se
tomen en cuenta los discursos posmodernos cubanos, o la fotografía
puertorriqueña, o la pintura naif haitiana y parecería que la pintura
dominicana no existe en los circuitos internacionales de la modernidad.
Los parámetros de los grandes curadores que dan conferencias, seminarios y
montan exposiciones no toman en cuenta a la República Dominicana lo que le ha
parecido injusto sobre todo desde el momento en que conoció a Lora Read
en la Bienal de La Habana en 1994. ``Creo que es un hombre con talento, con
personalidad, arriesgado y dominador de distintas técnicas''.