He recibido desde Montevideo, un artículo de García Márquez
sobre Solana y Clark, situado en lo que su autor llama el bombardeo de Kosovo.
Solana, según el autor, es un poeta amigo de sus amigos, un hombre de buen
corazón para quien esta guerra ha sido "una putada de la mala
suerte". Llegué a España en 1983. En esa fecha la Otan aparecía lejana,
la oposición popular a dicha Alianza era grande y la parlamentaria también
(hago la salvedad porque en general el Parlamento piensa una cosa y la ciudadanía
otra, como en este momento, en que el 60 % de la población española está
contra la guerra y el 95% de los parlamentarios a favor).
En aquella época no había dudas. Pero Felipe González tuvo necesidades de
guión, alguien lo empujó a cambiar de postura (¿ a lo mejor el imperialismo
norteamericano?) y se planteó la necesidad de un referéndum sobre el tema.
Hubo manipulaciones de todo tipo, incluso hoy día se sabe que en las cifras.
Como rezaba en la pregunta de dicho referéndum, ambigua y venenosa, se entró
en la Otan pero no en su estructura militar. En menos de un año España
participaba en misiones bélicas y cedía sus aeropuertos a las tropas de la
Alianza.
El señor Solana no fue ajeno a esos hechos, formaba parte activa y era
miembro destacado del aparato del partido de gobierno y además tuvo su cuota de
parte en la campaña de engaño a la que se sometió al pueblo.
Bien dice Márquez que fue ministro de Educación y de Exteriores; el fracaso
escolar galopante, las reformas sin sentido (lavadas de cara) y el
endurecimiento de la posición de su partido y del país en las relaciones con
Cuba, son perlas que podemos colgar a su collar.
Además este señor, mientras tocaba la lira, sacó tiempo para votar en el
consejo de ministros los contratos a tiempo parcial (llamados popularmente
contratos basura), que permiten a los empresarios contratar según sus
necesidades (un día, seis horas, una semana) sin tener que pagar seguros
sociales y apoyar, también como miembro de gobierno, la guerra del Golfo.
Su nombramiento como secretario general de la Alianza no se debió a su lucha
a favor de los pobres, ni siquiera a sus dotes intelectuales o a su nivel poético,
fue nominado porque era un hombre cómodo, un antiguo enemigo que tenía la
ventaja de decirse de izquierda y jugar por la derecha.
Este personajillo que ahora Márquez nos pretende elevar a la tragedia clásica
podía haberse negado a su destino, podía haber dicho no al ofrecimiento como
le pedía el grupo de Izquierda Unida; él prefirió la rama de laurel y ahora
se ve obligado a apretar el botón y se expone a ser ridiculizado en los dibujos
de los periódicos de medio mundo.
El general Clark es otra cosa, es un militar formado en la grandeza de los
Estados Unidos, es un águila defensor del llamado mundo libre.
¿A nosotros nos interesa la vida privada de los personajes públicos?.
¿Es importante saber si Artigas leía poesía, si al Che le gustaba la Coca
Cola o si los militares de nuestra tierra, después de un duro día de tortura,
besaban a sus hijos? Creo que no y creo también, que en medio de la agresión
brutal y sin sentido llevada a cabo por los supuestos defensores de supuestas
democracias, agresión que está dejando miles de muertos, plantear el tema
desde ese punto de vista es trivializarlo.
Pero lo que más me llama la atención del artículo es cuando dice:
"Carezco en absoluto del talento, la cultura y la vocación de las ideas
abstractas, y apenas si me atreví a explicarle (a Clark) que las intuiciones
y presagios de los novelistas son a veces tan útiles como las ciencias académicas
para desentrañar la realidad. El general, por su parte me demostró que las
conocía bien, aunque enrarecidas por suformación marcial". Y digo, me
llama la atención porque no me sorprende, hace poco el señor Márquez decía
en El País: "Las ideologías en el siglo XX sólo han generado muerte y
destrucción".
Los novelistas en este siglo han tenido las cosas muy claras, la mayoría han
pertenecido a partidos de "ideas abstractas": comunistas estalinistas,
trostkistas, socialistas y anarquistas; otros han participado en guerras,
revoluciones y alzamientos y hasta algunos han servido, y sirven, a la reacción.
En cuanto al general, él no está en su laberinto, no está confundido, no
desconfía o distorsiona las ideas abstractas debido a su formación marcial: él
está al servicio de la política exterior del imperialismo.
García Márquez tiene, últimamente, la costumbre de nadar y cuidar la ropa.
Él anda bien con todo el mundo, intercambia epístolas con revolucionarios y
con reaccionarios. Y cuando vuelve a Colombia ataca a la guerrilla y adula a las
democracias occidentales, que parece van a traer una dicha que nunca llega. Y en
España participa activamente en los actos políticos del PSOE junto a sus
grandes amigos González y Solana, dos de los halcones de esta guerra que él no
llama de los Balcanes sino "bombardeo de Kosovo".
Creo que ha llegado la hora de separar al escritor del hombre, leer seguido a
Márquez que ha escrito tres o cuatro obras geniales y olvidarse del ciudadano
García que transita caminos dudosos.
Proyecto Cultura Sur envió esta carta de respuesta al artículo
de Gabriel García Márquez
Edición de Agosto 99 de la Revista del Teatro Nacional de la
República Dominicana