Homenaje a Borges

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Poesía en Homenaje a Borges
por Pedro Grieco

Agosto de 1999

En este mes se cumplen cien años del nacimiento de Jorge Luis Borges. Sin duda uno de los más grandes escritores del siglo XX de la lengua castellana y de la literatura universal. Mas conocido en el mundo entero por sus Ficciones, su poesía no es menos brillante. De su primera etapa recordaremos “Fundación de Buenos Aires”, luego uno de sus sonetos. De los cuales Ponzo, el poeta, me decía que son tan perfectos que abruman. Y finalmente uno de sus últimos poemas, previo a su muerte. Sin embargo nos tomamos la licencia, - de eso se trata en poesía, la poiésis es de darse la libertad de pensar lo diferente con belleza -, de incluir una prosa poética. Por ello incluiremos “The Unending Gift”, cuya traducción sería algo así como “El regalo sin fin” o “El regalo interminable”. Dejemos hablar a su poesía.  
   

Fundación Mítica de Buenos Aires
  
¿Y fue por este río de sueñera y barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados  
entre los camalotes de la corriente zaina.  
    
Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo  
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.  
  
Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron  
por un mar que tenía cinco lunas de anchura  
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos  
y de piedras imanes que enloquecen a la brújula.  
  
Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,  
pero son embelecos fraguados en el Boca.  
  
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo  
Una manzana entera pero en mitá del campo  
presenciada de auroras y lluvias y sudestadas.  
  
La manzana pareja que persiste en mi barrio:  
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.  
  
 Un almacén rosado como revés de naipe  
brilló y en la trastienda conversaron un truco;  
el almacén rosado floreció en un compadre,  
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.  
  
El primer organito salvaba el horizonte  

con su achacoso porte, su habanera y su gringo.  
El corralón seguro ya opinaba: YRIGOYEN,  
algún piano mandaba tangos de Saborido.  
 
Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,  
los hombres compartieron una pasado ilusorio.  

Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.  
A mi se me hace cuento que empezó Buenos Aires:  
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.

Veamos ahora uno de esos tantos poemas que abruman con su perfección, no solamente estética, sino su sustancia poética y filosófica.

Everness
 
Sólo una cosa no hay. Es el olvido.  
  
Dios, que salva el metal, salva la escoria  
Y cifra en Su profética memoria  
las lunas que serán y las que han sido.  
  
Ya todo está. Los miles de reflejos  
que entre los dos crepúsculos del día  
tu rostro fue dejando en los espejos  
y los que irá dejando todavía.  
 
Y todo es una parte del diverso  
cristal de esa memoria, el universo;  
no tienen fin sus arduos corredores  
y las puertas se cierran a tu paso;  
verás los Arquetipos y Esplendores.  

   
Ahora una muestra de prosa poética que en su propia antología personal, Borges lo calificó como prosa. Prosa simple y seca pero que nosotros, sus destinatarios la consideramos en forma más generosa; espero que todos compartan el criterio.

   
The Unending Gift
    
Un pintor nos prometió un cuadro.  
Ahora, New England, sé que ha muerto. Sentí como tras veces, la tristeza y  
la sorpresa de comprender que somos como un sueño. Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos.  
 
(Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales.)
Pensé en un lugar prefijado que la tela no ocupará.  
Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo una cosa más, una  
cosa, una de las vanidades o hábitos e mi casa; ahora es ilimitada, incesante,  
capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno.  
  
Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música, y estará  
Conmigo hasta el fin. Gracias, Jorge Larco.  
   
(También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algo inmortal.)  
   

Finalmente de su último libro de poemas, el poema que lleva el mismo título:

Los Conjurados
  
En el centro de Europa están conspirando.  
El hecho data de 1291.  
     
Se trata e hombres de diversas estirpes, que profesan  
diversas religiones y que hablan en diversos idiomas.  
Han tomado la extraña resolución de ser razonables. 
  
Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades.  
Fueron soldados de la Confederación y después mercenarios, porque  
eran pobres y tenían el hábito de la guerra y no ignoraban que todas  
las empresas del hombre son igualmente vanas.  
  
Fueron Winkelried, que se clava en el pecho las lanzas enemigas  
para que sus camaradas avancen.  
   
Son un cirujano, un pastor o un procurador, pero también son  
Paracelso y Amiel y Jung y Paul Klee.  
  
En el centro de Europa, en las tierras altas de Europa, crece una torre  
de razón y de firme fé.  
   
Los cantones ahora son veintidós
. El de Ginebra, el último, es una de mis patrias.  
  
Mañana serán todo el planeta.  
Acaso lo que digo no es verdadero; ojalá sea profético. 
    

Los dos primeros poemas y la prosa poética están tomados de “Jorge Luis Borges, Nueva antología personal” Editorial Bruguera, Barcelona, 1980, España.  Los Conjurados está tomado de “Los Conjurados”, Alianza Editorial, 1985, Madrid, España.  
  

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