Me pertenece el último alumbramiento
las candilejas y los duendes familiares,
la mirada que huye hacia la danza del sueño,
el que viene atrás y no pierde su metresa,
ese cabildo alucinante de acrobacias y amores
que un corazón duro disuelve.
Me pertenece el primer volante,
los quejidos diarios de los hambrientos,
los calores insoportables, la vulgaridad apabullante,
la guadaña y el alce sereno que amo en láminas.
Me pertenece el ámbito del ámbar y los delfines,
esas invenciones que perduran,
ese escurrir miserable de procurar la vestimenta,
de lidiar en terreno viciado,
de subir a la torre más alta para ver el mugriento terrón.
Me pertenece la mujer que he tomado y se ha ido
en un trasiego de algas y vino,
las estrellas que documenté en lenguas olvidadas
cuando la poesía hizo el mundo.
Tony Raful
Poemas Escogidos