Amor a Quemarropa

Debajo reproducimos algunos comentarios realizados por críticos, autores y personalidades del mundo literario sobre el libro Amor a Quemarropa, escrito por Tomás Castro.

Portada del libro

Hace pocos días dije en París que en la literatura, pintura o música, quien no rompa el espejo está copiando. Este concepto abarca al viejo y nuevo continente. El viejo, porque ya reboza de genios y su agotamiento lo honra. Y el nuevo porque su virginidad lo obliga a no dar proles espurias de cuernos foráneos.

Pero he aquí una sorpresa, un hallazgo a quemarropa. Un joven ha roto el espejo. ¡Y con que tema! cuyo origen sexual asoma en la pareja adánica, tema tan viejo que usarlo es ya un heroísmo. Pero Tomás Castro, casi recién nacido, ha sido afortunado. Pues ha roto el espejo y con tanto carisma que el primer poema de Amor a Quemarropa es capaz de soportar un montón de calendarios no presentidos por los escrupulosos de la literatura. Con ese primer poema de tan díficil aventura del sexo basta para que a este joven no le moleste el tiempo de los enanos, pese a que ahora mismo no pueden digerirlo. Pero no importa, durará más esa llama de petróleo erótico que el hielo de la avenida derretido a talento.

Por favor, Tomás, sigue rompiendo espejos en pedacitos antes que verla disfrazada por un genio de patio.

Manuel del Cabral

En la poesía de Tomás Castro estamos ante un panorama que ignora jamás los resortes de la alegría -humor e ironía, son estrella o luna de sus versos-, del sufrimiento, del éxtasis, de cierta comedida voluptuosidad; pero también a su erotismo, a su sentido amoroso, llegan los reflejos del acontecer moderno.

No carecen de sales irónicas ni de humor -con raíces en la latinidad- algunos poemas de Tómas Castro. No sé por qué la ironia y el humor de ciertos versos personales suyos me hacen pensar en Vicente Huidobro, el iniciador de la poesía moderna no modernista en nuestra lengua. Me parece muy fértil el resultado de ese positivo contacto con Huidobro en la obra de Tomás Castro. Gracias a él, la poesia dominicana - sin abandonar el campo mismo de la poesía - produce una poesía erótica de acento nuevo.

Saber decir originalismo y altamente poético es ya revelación en la escritura de auténtico poeta, y es lo que acontece en Amor a quemarropa de Tomás Castro.

Antonio Fernández Spencer

Tomás Castro (1959) ha conquistado rapidamente una merecida reputación de joven poeta prolífico y trabajador. Amor a quemarropa es el primer libro que publica, y con él, me parece, que realiza una aparición bastante dispociosa, pues logra esquivar algunos obstáculos literarios que asedian a los más nóveles poetas dominicanos. Por un lado, Castro ha logrado sortear el espejismo de una imaginería agotada por la Poesía Soprendida. Y por otra parte, ha conseguido desembarazarse del estrecho realismo que predominó en nuestra poesía en la década del 60 y gran parte de la del 70.

Es decir, que Tomás Castro, ya sea por temprana reflexión o por intuición, ha sabido fugarse de los mezquinos límites locales, y ha acercado sus textos a las vanguardias latinoamericanas de la década del 70, tomando de ellas la ironia, el desenfado, la sátira y, sobre todo, lo que Donald L. Shaw ha llamado el "exasperado erotismo", tan paciente en Roque Dalton.

Desde el título del libro "Amor a quemarropa". Ya se anuncia la actitud subversiva, la intención de neutralizar la violencia del entorno por medio de un erotismo desafiante...

Más que un neorromántico, Tomás Castro es un anti Bécquer. Por debajo de lo aparencial aflora la frustración y la sátira a lo establecido.

Miguel Aníbal Perdomo