He aquí cuando trata un tema tan antiguo como el del amor, Tomás lo trae como una fruta
paradisíaca, como si Eva se equivocara con Tomás y ella fuese madre en las tinieblas. De todo gran poeta no hay que dudar cuando la picardía es bella. Todo gran poeta paraliza el reloj, destruye el calendario con una mirada, hace trizas la distancia para volver a hacerla. La noche es un juguete en su mirada. El universo está en la punta de su lápiz.
Juventud de mil años, viejo Tomás, esto significa la tenacidad de una conciencia auténtica que vence contra el tiempo y el ambiente donde han nacido todos los vicios y debilidades de las pequeñas estaturas. Es este el heroísmo de una voluntad de la belleza, cuyo destino no lo doblega ni el silencio del contemporáneo ni el desprecio gigante de su pequeño pueblo. No en vano, tú eres, Tomás, el más alto poeta de las últimas generaciones de tu Media Antilla.
Manuel del Cabral
Poeta audaz y sorpresivo, que muestra una realidad radicada definitivamente en la residencia terrestre, Tomás Castro irradia una luz de verdad y de autenticidad que son, por cierto, elementos que no figuran en los catálogos de muchos poetas jóvenes...
Siempre con la oblea distintiva que ha hecho de él una de las cumbres jóvenes de nuestra poética.
José Rafael Lantigua